Y siguiendo con la onda un poco ridícula de expresar mis estados de ánimo con videos encontrados por ahí, esta semana le toca a Mirá siempre el lado brillante de la vida, que es casualmente el final de La vida de Brian, de modo que no recomiendo ver el video sin haber visto previamente la película.
lunes, 20 de junio de 2011
Mirando siempre el lado brillante de la vida
Y siguiendo con la onda un poco ridícula de expresar mis estados de ánimo con videos encontrados por ahí, esta semana le toca a Mirá siempre el lado brillante de la vida, que es casualmente el final de La vida de Brian, de modo que no recomiendo ver el video sin haber visto previamente la película.
martes, 14 de junio de 2011
Canales
Algunos lectores (en el sentido amplio de la palabra) encontramos cada tanto en ciertas obras de arte la expresión de pensamientos que nosotros mismos no supimos exteriorizar. Ésta es una de las funciones del arte, si bien no la única ni la más importante. En esto me hizo pensar Channels, de Graham Annable.
Estar triste es como andar en bicicleta: una vez que aprendiste podés seguir toda la vida, no importa cuánto tiempo pases sin hacerlo. Estar feliz es como tocar el piano: no importa cuánto lo practiques, cualquier descuido te puede deteriorar la técnica. Siéntanse libres ustedes de invertir la metáfora y volverla optimista. Bien puede ser que el dolor sea como tocar el piano y el placer como el ciclismo. Eso tienen los aforismos, que pueden afirmar cualquier cosa en cualquier circunstancia sonando igual de verídicos y siendo igual de inútiles. Dos cosas, sin embargo, permanecen irrefutables: nunca aprendí a andar en bicicleta ni a tocar el piano.
miércoles, 8 de junio de 2011
Sobreviviendo, dije

Como ya dije, ando triste. Pero también predije que internet iba a levantarme el ánimo, y algo de eso hubo. Nunca fui buen profeta, igualmente. Lo que sí conseguí fueron algunas sonrisas, mayormente debidas a cosas como éstas:

jueves, 2 de junio de 2011
Genialidad a la velocidad de la luz
Con frecuencia decimos que algún artista "hace tanto con tan poco". Y ya sea que estemos hablando de Pizarnik o de MacGyver, nos referimos a su capacidad de maximizar las posibilidades expresivas de los materiales que trabaja. Nunca antes a un fenómeno artístico le vino tan justa esta descripción como a los chicos de 5-Second Films.
La idea (hacer películas de cinco segundos de duración) no es mucho más que el nombre. Pero tampoco es menos. Y la realización ha superado ampliamente la idea (lo digo como en el lugar común, no es que hayan empezado a hacer cortos más largos). Así que relájense, y sepan disfrutar la magia del cine.
jueves, 26 de mayo de 2011
Disculpas innecesarias
Y aunque sé que no tengo por qué disculparme, por lo menos permítanme explicar que si vengo dejando el Cuaderno de lado es porque ando con problemas de índole sentimental. Supongo que en vez de abandonarlo podría haberme aprovechado de él, escribiendo poemas tristes y poniendo canciones de amor. Pero ya hay muchas páginas de ésas y yo más bien prefiero la sobriedad del... del... ¡no!
Válame Dios qué vergüenza se me acaba de caer sin querer una cursilería. Bueno, de ésas tengo muchas. Espero que en los días que vienen internet sirva para lo que fue inventada y me levante el ánimo un poco.
sábado, 30 de abril de 2011
El día de Adán Buenosayres
Cualquiera lejanamente familiar con el Bloomsday se encontrará en esta entrada con una idea repetida que, empero, me emocionó tanto que me pareció pertinente difundirla, aunque muy tardíamente. El día de Adán Buenosayres es una gran visita guiada por el barrio de Saavedra que va a recorrer el itinerario que Adán y sus compañeros realizaron el jueves veintiocho de abril de mil novecientos veintiuno o mil novecientos veintisiete.No puedo ni empezar a decir lo mucho que me alegra este evento modestísimo al que, por falta de tiempo y medios de transporte, no voy a poder asistir. Como saben los que me conocen, el Adán Buenosayres de Marechal es una de mis cosas preferidas. El treinta de abril, día de la muerte de Adán, siempre fue un aniversario personal que yo tengo la costumbre de recordarme. Nunca supe si Marechal lo eligió sabiendo que Hitler había muerto en esa misma fecha, calculo que no tendrá mucho que ver.
lunes, 18 de abril de 2011
Una nota y tres obras de arte
En una nota publicada en Página/12 el periodista Gustavo Ajzenman afirma que los videojuegos están "encontrando su propio vocabulario, pero [...] no se [los] debe confundir con el arte interactivo". La frase no es completamente suya: en la nota, Ajzenman entrevista a varios miembros de la ADVA (Asociación de Desarrolladores de Videojuegos Argentina), y es Agustín Pérez Fernández quien afirma:
—No es arte interactivo, sino juegos artísticos. No queremos perder esa identidad, porque es un lenguaje distinto que vale la pena explorar.
La distinción no me conforma. Si interpretamos el término arte interactivo literalmente, veremos que describe a los videojuegos con precisión: los videojuegos son, al fin y al cabo, obras de arte, y quién niega que son interactivos. Y afirmando que son obras de arte, juego artístico resulta tan redundante como poema artístico o película artística, porque sabemos que todo filme, independientemente (y esto es muy importante) de su calidad, es una obra de arte. Y sí, inclusive Brigada explosiva 3: misión pirata.
A lo sumo podría decirse que los videojuegos son un tipo particular de arte interactivo. O no, yo qué sé. Por defender una identidad, como hace o busca hacer Pérez Fernández, quizá vale la pena fabricar un par de aseveraciones imprecisas. A lo mejor arte interactivo no se aplica a toda obra de arte que es interactiva, talvez tiene un significado más estrecho. Lo qué sí sé (y acá doy fin a este extensísimo prolegómeno) es que para el chileno Alejandro Grilli J. el término videojuego tiene un significado amplio. Vean, si no, estas tres obras de su autoría que les dejo a continuación:
ProsopamnesiaLa prosopagnosia es un desorden de la percepción que impide o dificulta el reconocimiento de caras. Prosopamnesia se juega con el ratón, y el objetivo (si es que hay uno) es tratar de reconocer una cara completa (con énfasis en tratar, porque nunca se logra). No tiene un final preciso. Hace un buen trabajo transmitiendo una buena dote de desesperación al jugador, ávido por reconocer un rostro. Un poco la desesperación que uno siente que le vendría si un día se despertara incapacitado de reconocer la parte más expresiva y reconocible del cuerpo humano.
Intervalo lúcido del individuo inconscienteNo tengo la más puta idea de lo que puede llegar a significar este juego. Si es que adherimos a que las obras de arte deben significar algo, claro está. Intervalo lúcido del individuo inconsciente es una cosa más bien tirando a rara, que también se juega a puro ratón, en la que tomamos el rol de un psicoanalista angloparlante bastante distraído de la perorata psicótica de su paciente hispanohablante. Ya sea una crítica al psicoanálisis, una referencia al test de Rorschach, un comentario sobre la imposibilidad de la comunicación o una excusa para divertirse haciendo garabatos, vale la pena jugarlo.
DeconstructivismoBastante similar a Prosopamnesia, aunque el único punto fuerte de contacto es el uso de imágenes aleatorias sacadas de búsquedas de Google, Deconstructivismo parece un experimento sobre la capacidad de manipulación de información visual a través de ActionScript 3. Proporciona una sola imagen a la vez (para cambiar de imagen hay que refrescar la página) que, también con el ratón, puede irse... cortando, supongo, en pedazos que se desplazan dependiendo de la dirección que les demos. Ya sea que se lo juegue por un rato o que se lo deje reproduciéndose sólo, al cabo de un tiempo se obtiene una versión muy distorsionada de la original.
domingo, 3 de abril de 2011
El regreso

Y así es como se siente volver a clases. La angustia de saber que no importa cuánto te esfuerces, siempre vas a estar por debajo de las espectativas. La confusión de tratar de entender el aparato burocrático de una institución que pareciera desear tu deserción a cada momento. La tortura de aguantar una perorata de dos (a veces cuatro) horas, o más bien, la desesperación de esperar que el conferenciante de turno no haya dicho nada vital mientras uno estaba lejos, soñando con mundos mejores. A veces me siento dispuesto a sacrificar mi derecho a repensar los contenidos de las materias, con tal de que me enchufen un pendrive en la nuca con toda la información necesaria y me la transfieran al cerebro.
Aunque no todo es lágrimas en el mundo de la pedagogía del terror (y créanme que es el miedo el verdadero motor del estudio, algunos profesores se jactan de ello): la universidad tiene aspectos muy buenos también, sólo que no estoy de humor para recordarlos.
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